Formando y formándonos en la Fe.


Dentro de la Iglesia, la formación crucial. Es un deber y una responsabilidad compartida por todos lo que la conformamos. Todos y cada uno, somos responsables de darnos la oportunidad de formarnos en la Fe, en la medida que nuestra capacidad y posibilidades.

Permítanme adentrarme un poquito en tecnología educacional para abordar el tema de la formación cristiana. Centraré este post en la parroquia, ya que es el lugar más cercano para formarnos y donde la comunidad debería ser motor que nos predisponga a ser formarnos.

Dentro de las parroquias es normal que existan itinerarios de formación ligados a los sacramentos. Catequesis de primera comunión, confirmación, bautismo o matrimonio. En parte son los herederos de las catequesis mistagógicas de los primeros siglos… aunque hoy en día hayan derivado por otros caminos. Estoy dándome cuenta que no conozco de la existencia de catequesis enfocadas al sacramento de la reconciliación. Curioso. Aparte, pueden existir itinerarios de formación desligados de los sacramentos.

Vamos a intentar clasificar para analizar qué tipo de formación es la que las parroquias suelen ofertar. En educación, solemos clasificar estos itinerarios formativos en :

  • Formación reglada: que sigue unas normas establecidas y tras completarla, se recibe una acreditación oficial reconocida.
  • Formación no reglada: que no tiene normas establecidas o dependen de cada circunstancia. No tiene una acreditación oficial reconocida.
También podemos hablar de:
  • Formación formal… aunque suene redundante. Tiene un itinerario y desarrollo preestablecido. El alumno es el que se ajusta al itinerario.
  • Formación informal. Se va realizando a medida de las necesidades, por lo que no cuenta con un marco estable y definido para su realización. El itinerario se ajusta al alumno.
¿Qué tipo de formación representan las catequesis pre-sacramentales? Creo que se pueden considerar como un tipo peculiar de formación reglada y formal, ya que desembocan en un sacramento que, en cierto sentido, acredita la formación recibida. Así mismo, se pueden considerar como formación formal, ya parten de un itinerario definido, siendo el alumno el que se ajusta al itinerario.

Ahora… ¿Qué pasa con los cursillos o grupos de formación cristiana que no desembocan en un sacramento? Normalmente utilizan el modelo de educación no reglado. A no se que se impartan por instituciones educativas acreditadas dentro de planes de estudio oficiales. Estos cursillo o grupos pueden desarrollarse como formación formal o como informal, según cómo se haya planteado su desarrollo por parte de los responsables.

Un punto a considerar en el enfoque o diseño del cursillo o grupo en cuestión. Declaro mi limitada experiencia en este tipo de actividades formativas eclesiales, pero en las ocasiones que he conocido de cerca este tipo de iniciativas, he constatado que la oferta carece se ofrece, normalmente, sin haber realizado un análisis previo. Normalmente se sustituye el análisis previo por un encomiable voluntarismo y la experiencia de muchos años.

La experiencia previa es formidable y no podemos deshacernos de ella. Es un tesoro. Pero por si sola, carece de capacidad de asumir nuevos retos o superar nuevas circunstancias. Suele ocurrir que la experiencia queda estancada en la realidad del éxito o fracaso vivido anteriormente. Las propuestas educativas, además, deben cuidar de definir expectativas que puedan llevarse a cabo.

No es lo mismo crear un grupo de formación, donde el aprendizaje colaborativo sea el motor del desarrollo no formal que se seguirá… que ofertar unos cursos bien definidos donde cada los roles docente y discentes están claramente definidos. Cada planteamiento es más adecuado para un grupo humano con inquietudes particulares.

Es evidente que cada tipo de oferta atraerá a un grupo de personas diferente y posibilitará dinámicas de aprendizaje particulares. El planteamiento aparentemente sencillo de ofertar "a ver quien viene", está quedando obsoleto en la sociedad actual. Cada vez es más frecuente que la formación se oferte y particularice sobre un grupo humano determinado y definido. Solo de esta manera es posible maximizar su eficacia y afianzar los objetivos buscados.

Es decir, actualmente las actividades formativas se planean y ejecutan siguiendo una secuencia del tipo:
  1. Reconocer a un grupo humano con necesidades o expectativas de formación concretas.
  2. Analizar las necesidades y circunstancias del grupo
  3. Motivar a los potenciales integrantes del grupo para predisponerlos a aceptar un compromiso serio de formación.
  4. Diseñar y desarrollar un itinerario formativo adaptado a las necesidades y limitaciones detectadas en la fase de análisis.
  5. Realizar la actividad formativa
  6. Evaluar los resultado de obtenidos en todos sus aspectos.
En resumen… se trataría de aplicar un modelo instruccional tipo ADDIE (Análisis, Diseño, Desarrollo, Implementación y Evaluación) enfocado a la formación en la Fe.

Se que esto puede sonar a música celestial y a clarines de cristal… pero hay muchas herramientas disponibles para que la Iglesia las utilice en su beneficio… y con frecuencia nos olvidamos de aprovechar los avances tecnológicos en provecho de nosotros mismos.

¿Tiene todo esto algo que ver con la TICs… de las que se ocupa este humilde blog?. Creo que si, ya que dentro de las tecnologías de la información, tenemos las tecnologías educacionales… que pueden desarrollarse de múltiples formas y sobre múltiples soportes. Son interesantes las herramientas de autoformación o de formación a distancia disponibles... pero las dejo, a conciencia, para tratarlas en una futura entrada

Como siempre… toda aportación enriquece las perspectivas y nos ayuda a aprender unos de otros. No se guarde su opinión… vale oro.